Reconozco que mi mayor defecto también es mi mayor virtud, soy capaz de olvidarme hasta de comer o dormir cuando cabezota yo, me empeño en algo.
Me licencié en químicas, por puro amor propio, y todo "gracias" a un desafortunado, e intencionado comentario del entonces profesor de Ingeniera Química, "aconsejandonos" buscar marido, y olvidarnos de la carrera.
La licenciatura en farmacia fue toda una demostración de malabares familiares y laborales. No es fácil ser mama de dos niñas de cuatro y siete años, trabajar media jornada y "volar" para llegar a clase o al laboratorio. Las noches estudiando hasta las mil y por la mañana maratón de niñas al cole y mama a trabajar. La carrera se acabó decidí "Nunca más", así que ahora después de trabajar , de las cenas y los deberes me siento en el salón y dejo que mis manos hagan magia mientras de fondo escucho algún programa televisivo. En fin, otras hacen punto...
Dispuesta a mejorar mi técnica, paso horas y horas, hasta que me obligo a acostarme. Pero los resultados merecen la pena ¿no creéis?

No hay comentarios:
Publicar un comentario